
La palabra "bullying" proviene del idioma holandés y significa “acoso”. Dan Olweus en la década de los 70 fue el primero en utilizar el termino de "bulliing" para situaciones de acoso escolar; lo que derivó en que las escuelas de Noruega establecieran programas de "antiacoso".
Cuando se habla del bullying, no se hace referencia a una situación aislada de rivalidad, de riñas comunes entre niños o de relaciones en las que un niño se lleva mejor con uno que con otro. Tampoco se refiere a la existencia de niños tímidos, tranquilos o aislados. El bullying no es una conducta reactiva de niños que experimentan situaciones como un divorcio de sus padres, la muerte de un familiar, etcétera, pues estas reacciones conductuales son pasajeras y reactivas a una situación que las podría ameritar y son tomadas como ocasionales y de corta duración.
En el caso del bullying estamos hablando de situaciones de agresión, tanto física como verbal y emocional, que no se detienen, que son intolerables y que se dan de manera prolongada y sostenida, generando daño psicológico tanto en la víctima como en el agresor.
Es importante comprender que existen diferentes tipos de bullying; el verbal, el psicológico y el físico, sin embargo, en la mayoría de los casos se presentan los tres de manera simultánea. Los estudios indican que la agresión física (golpes, palizas, etc.), es común en niños pequeños (de 5 y 6 años de edad) y después otra vez en la adolescencia, cesando un poco (las agresiones físicas) en la edad escolar, ya que en esta etapa el bully ha aprendido más técnicas de acoso psicológico y verbal que le permiten pasar en muchos de los casos, desapercibo y abordar fácilmente a su víctima sin ser sancionado, pues los golpes o maltratos físicos, son más fácilmente detectables por las autoridades escolares o padres de familia. El bullying también provoca la exclusión social del niño buleado, pues termina siendo ignorado, aislado y rechazado por ser el centro de acoso del bully.
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